martes, 10 de enero de 2017

El lobo y el verdadero dueño.

    Había una vez un lobo solitario, abandonado por su manada, perdido entre la oscuridad del bosque.
    Entre jadeos hambrientos y gruñidos melancólicos vagaba en medio de la lluvia fresca y el viento helado que le brindaba la noche.
    A medida en que se adentraba en los árboles verdosos, más resplandecían aquellas luces de luciérnagas lejanas. No entendía el porqué seguirlas, pero un presentimiento lo llenó de esperanzas.
    Entre los bichos de luz había una cueva gigante y, sin dudarlo, se resguardó de la lluvia y el frío. Pero al entrar, un rugido lo alertó.
    El oso más prominente que haya visto.
    El lobo no tenía oportunidad contra él, pero sorpresivamente vio en sus ojos negros una pizca de compasión. Tal que le dejó un pequeño espacio para descansar, al borde de la entrada.
    Se acostó el lobo famélico y el oso salió de la cueva. Quizás había malinterpretado su compasión e iba a irse de todos modos. Sin embargo, luego de un par de horas, volvió con muchos pescados en su boca. Le dio todos los que tenía al lobo y se recostó en su cueva.
    Sin pensarlo dos veces, devoró la carne de sangre fría. Cualquier alimento valía la pena en ese momento.
    Al día siguiente, sucedió lo mismo.
    Como veía aquél brillo de amor en sus ojos, creyó que era adecuado acurrucarse más al fondo de la cueva. Pero el oso gruñía, mostraba sus dientes en forma de amenaza, y se negaba a compartir aquél espacio.
    El lobo no comprendía y así pasaron los días, los meses y siempre buscaba alimento el oso para él pero en las noches nunca le dejaba dormir a su lado, y como consecuencia a su intento de buscar un lugar, recibía rasguños por parte del animal.
    El lobo cansado, decidió que era ya el momento de descansar en los adentros de la cueva, ya que el aire helado llegaba a rozar su pelaje en las noches y no podía soportarlo por más tiempo. No obstante, el oso no permitió tal movimiento y, en un arranque de furia, desgarró una de las patas al animal.
    Asustado y herido, salió corriendo torpemente. Tanto tiempo conviviendo con el oso que no pudo darse cuenta cuánto daño le hacía. Procuró y se prometió así mismo que no pasaría de nuevo.
    Luego de un par de meses, el hambre escaseaba en su estómago.
    Rondando en medio del bosque, encontró en su camino un sendero cubierto por rocas negras -lágrimas de Apache-, que le guiaban al parecer a una cabaña. Observó las luces de aquella única ventana de vidrio que dibujaban una sombra humana. Puede que el miedo le haya invadido, pero su hambre voraz era más arrasador. Movido por la flacidez de sus patas y la poca energía que le quedaba, llegó a la puerta de aquél leñador.
    Con rasguños y llantos de dolor hizo su presencia y lo que más le sorprendió al hombre al abrir la puerta fue el estado de la bestia. Sin dudarlo, lo cogió entre sus brazos peludos, arropándolo con una manta vieja que tenía sobre la silla, le acercó al fuego de la chimenea y le alimentó con tal amor que ni el mismo lobo creería merecer. ¿Cómo un ser humano pudo entregarse tan fácilmente a aquella criatura?.
    El lobo tenía que ocultar esas heridas del pasado. Evitaba algún contacto físico con el humano por mucho tiempo. Trataba de mantenerse en un lugar, estático, quieto y oculto, evadiendo aquellas manos al momento de tocarlo.
    Pasaron los ocho días y recibía el mismo trato: paciencia, tranquilidad, dedicación, ternura, amor. Pero aquella última mañana el mismo lobo convencido de aquél amor leal que le brindaba, decidió mostrar sutilmente sus marcas. El leñador, estupefacto, observó las rasgaduras en su cuerpo y el miembro amputado en su pata izquierda. Su andar torpe y débil enojó al hombre hasta tal punto de echarlo de su hogar a patadas.

    —¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Cobarde!- ofendido, rugió el leñador.

   El lobo, sorprendido, no pudo creerlo. Sin más remedio hizo caso y se retiró.

    Pero el único cobarde fue ese ser incapaz de amar aquella criatura a pesar de su incapacidad.

    A medida en que se alejaba, lo poco que le quedaba de humildad en su corazón, se marchitaba.
    La luna llena presenciaba su andar imperfecto, los aullidos de su voz y detrás de él un coro de lágrimas de Apache que ni aquellas esposas, madres, hermanas e hijas pudieran consolar.
    ¿Todo acabaría así?¿Tan fugaz?
    Muy tarde se dio cuenta el lobo que había caído en la calidez de ese hombre.
 
    Agotado, destrozado y afónico de tanto llorar, permaneció en una de las rocas musgosas que daban paso al río. Posó su cabeza allí y descansó.
    Una voz dulce y tranquilizadora despertó al animal.
    Abrió sus ojos rápidamente y se puso en posición de ataque. No supo con quién se enfrentaba, pero ya habían pasado demasiadas cosas como para soportar otra más.
    No había nadie.
    Luego de un instante, volvió a escuchar aquella voz y supo que provenía del mismo río en el cual descansaba.
    Lo miró con angustia y vio su propio reflejo. Destruido. ¿Cómo pudo descuidarse así?.
    Decidió que era momento de volver a su propio lugar: su hogar. Él mismo los abandonó en busca de mejores expectativas y sólo encontró el hambre y falsos amores.
    ¿Cómo pudo olvidarse de su manada, su familia?
    Cabizbajo y con arrepentimiento, se asoma a su pueblo y este lo recibe con suma alegría.

Nunca debí haberme ido. Todo lo que tengo es el amor que siempre anhelé y recibí sin darme cuenta- Dijo el lobo.

    El verdadero dueño era él mismo.

martes, 20 de diciembre de 2016

Equipaje.

    Empezar con el equipaje me resulta tan difícil, agotador. Pensar en que me iré de este lugar que ya no me pertenece, en la cual ya no soy bienvenida. Cada objeto que guardo provoca en mí un malestar, mareos, náuseas, melancolía, llanto.
    Tratando de enmendar el embrollo de mi vida, lágrimas caóticas recorren el mar de sábanas envueltas sobre mi cama. Sollozando silenciosamente cada noche, más el cansancio no está de mi lado, y debo parar el torrente de tristezas al llevarme hasta tal punto en que mis entrañas vacías se sientan estrujadas, mi garganta herida y mis ojos nublando esta vista. Aún hay más por salir.
    Te sientes tan tranquilo y yo tan herida. Te pienso. Y las ganas de comer se ausentan junto con las esperanzas de vivir, y oigo el estruendo de mi alma rota en pedazos. Lucho contra la depresión pero se me hace tan difícil, tan imposible.
    Cómo puedo irme en paz, si sólo encuentro en cada rincón esta vorágine careciente de amor.




                     "Y tú riéndote por verme llorar y yo, yo que lloraba por verte feliz, no sé."

lunes, 19 de diciembre de 2016

Yuridia — Cobarde (Official Video)

      

Carlos Sadness — Santamaría

           

    Me leías con la voz entre puñales las palabras que te puse en las postales y ahora huele a corazón donde tu sabes que no le harán daño las navidades. Han vuelto a romperte los cristales, los besos que te lanzan en la calle. Tu quieres pasar el invierno metida dentro del sauce más triste que hay en Santa María.
    Puedo pensar que te vaya bonito esta vez, pero trago saliva y vuelvo a decir barbaridades como que ya no te miro igual que antes, o que he visto derrumbarse los pilares de los sueños que hace tiempo me contaste...

Carlos Sadness — El Interior de las Palmeras

   
        

    Voy a romperlo todo, estoy decidiendo cómo. He perdido el equilibrio entre tus huesos y los míos. Has que me caiga al fondo del negro de tus ojos, puedo ver el precipicio y las veces que caímos. Voy a pasar a la historia como la persona que nunca debió pronunciar tu nombre, creando un grave cambio de estación. Tal vez nunca debió salir ese incendio dentro de mí que arrasó con tu esplendor eterno y desde entonces duermo con los ojos abiertos, para no tener sueños cruzando el interior de las palmeras.
    Duermo, duermo todo el invierno y en verano despierto, cruzando el interior de las palmeras. Y cuando quieras sumergirte hasta el fondo me mirarás fijamente a los ojos y te mojará la tormenta que hay aquí, ya te avisé, mira: no, no podrás salir. Lo noto en los huesos y hasta en mi cama, la soledad es como una casa en llamas. Respiro el humo que sale de nuestras heridas, se lo llevó el viento de la despedida. Me vuelves planta de interior, que no le puede dar el sol creciendo en el centro de tu pecho. Y corto tu respiración y me proyecto al exterior rompiendo los límites del cielo...

Mi estrella fugaz.

    Desde el momento en que empezamos a sentir ese cariño semejante al amor, supe que ibas a ser mi estrella fugaz. Te daba dos, cuatro hasta seis meses en que desaparecieras de mi vida.
    Te quedaste sólo ocho.
    Y aquellas 100 preguntas que te hice en esos ocho meses, fueron las que me sostenían a esta relación ante el miedo, inseguridad y rechazo futuro; permitían ligar mi alma con la tuya (aunque haya sido absurdo) pero como todo principio... también tiene su final.
    Al acabarlas, fue el momento exacto en que el amor por aquella luz de esperanza observada desde mi ventana, desapareciera de entre millones de estrellas.
    Agradezco que me hayas visto y prestado el tiempo.
    Fuiste el deseo que anhelé muchos años atrás. El amor correspondido que imaginaba varias noches con la persona equivocada.
    Estuve preparándome meses para el día en que vieras al monstruo que vive dentro de mí.
    Una vez más, supe que no me aceptarías de esa forma. Tan quebradiza. Tan rota.
    Pero admito haber tenido un ápice de esperanza en que trataras de arreglarme, o más bien, acompañarme en mis momentos más caóticos y en mis arranques de locura.
    De nuevo, estuve equivocada.
    He malinterpretado el cariño que me dabas. Resulta que era ajeno al amor que creí tener semejanza.
    En un tiempo tan corto, el mamarracho de aquél lazo especial que tratamos de armar no fue posible. Fueron ligeros como una pluma, como un escrito sobre la arena: fácil de remover.
    Aún mi corazón tiene la esperanza. Pero mi alma ya está cansada.
    Eres de aquellas personas inteligentes, astutas. Analizas con detenimiento buscando una falla, un error. Tratas de arreglarlas egoístamente y, si no sede a tus gustos, te alejas. Pero no entiendo porqué no haces eso con tus amigos, tan problemáticos, tan defectuosos (según tus palabras).
    Espero que encuentres esa persona especial que llene tus días, como tú lo hiciste conmigo en un tiempo tan corto.
    Y como toda estrella fugaz, pediré el deseo de tu bienestar, continuar nuestros caminos separados y a la vez en contacto... como amiga, cómplice pero más no formar parte de tu corazón.
    Si llego a mejorar, ¿volvería contigo?. Esa pregunta vive en mi cabeza. Cómo puedo hacerlo si tú mismo me negaste. Negaste mis fallas, mis heridas. Y todavía duelen al ser incomprendidas.
    Cómo puedo volver a ti si no valoras mis pensamientos. No los compartes mucho menos.
    Te anhelo y a la vez te alejo.
    Esta quizá, sea la última entrada. Tantas palabras que no pueden ser plasmadas en este momento. Las emociones se las lleva el viento. Tan frágiles, quebradizos, rotos, oscuros.
    Si dejo que el tiempo me consuma... ¿consumirá mi alma?. Vivo en un sueño lejano, ajeno. No comprendo aquellas palabras. Caigo y me hundo entre las sábanas. Llenando el mar con mis lágrimas malditas, insaciables del hambre que trato de controlar. Me mantengo firme en esta corriente. No caer en el vacío de mi triste corazón...
        Al saber que no estás presente.
                                                                                    Me abandonaste. 




sábado, 10 de diciembre de 2016

Nexo VI.

    Era un suceso que ocurriría con el tiempo...
    De mis propios miedos convertidos en realidades. Lo único que hice posible fue provocarlos.
    Tanto terror de dar el paso en falso, que yo misma tapé mis propios ojos para tropezar.
    Nunca iba a ocurrir.
    Pero yo hice lo posible para que pasara. Inconscientemente.

    Odio este monstruo que vive dentro de mí.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Sólo quiero decirte...

    Sólo quiero decirte que estoy bien, charlando con amigos que acabo de conocer, disfrutando del juego, haciendo tonterías, perdiendo el tiempo...
    Ocupo las horas libres de tu ausencia en mi propio vicio. Envolviéndome en aquel bucle infinito, demasiado absorvente y manipulador.
    Es la única forma de mantenerme a la corriente, con mi mente ocupada y mis ojos cansados de tanto jugar.
    Voy a la cama y debo lidiar con aquellos pensamientos constantes y molestos preguntando por ti.
    Hasta que despierto el siguiente día y comienza la misma historia una y otra vez.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Flor.

    Ya pasaron los seis meses donde el enamoramiento se acaba y aquél hambre insaciable, aquél apego incontrolable de nuestras almas y anhelos de cuerpos, ha cesado. Podemos manejar nuestros impulsos y cuanta más ausencia, mejor.
    La valiosa importancia de la presencia del otro se ha apagado. En tu caso.
    Veo que aquella flor favorita de tu jardín ha tomado distinta forma en tus ojos y ya no desprende ese cierto atractivo peculiar que tú mismo buscabas. Más aún sólo la mirada fugaz e instintiva, pero no principal, al revisar tus retoños.
    ¿Será que consiguió otra belleza de sabor exótico?
    ¿Volverá a regarla cada mañana, tarde y noche en medio de esta sequía?
     Quizás los pétalos se volvieron negruzcos de tanto vivir, o sus hojas se pusieron amarillentas y quebradizas debido al aire seco, o aquél tallo débil empezó a quebrarse.
    Está desesperada de atención que es capaz de buscar una gota más allá del jardín.
    O quizás el agua la encontró a ella.