Y aquí estoy... reparándome. Deshilando hilos, desatando ataduras, rompiendo cadenas, terminando historias, transformando la promesa de un para siempre en basura. Derrumbando lo construido, rompiendo sonrisas, arruinando mi maquillaje, convirtiendo canciones deprimentes de desamor en algo personal. Dejando heridas... restando lo sumado, convirtiendo sueños en canto y en pesadillas. Retirando un corazón de su lugar, dejando vacíos, dejando deseos, provocando una desintoxicación involuntaria. Una desintoxicación de ti, de tu presencia, de tu sonrisa que provocaba delirios, de tu mirada que me hacía olvidar que existía algo más. De tus cálidos, satisfactorios y calmantes abrazos. De tus delirantes caricias, de tus dulces labios. De tu adorable cercanía... de tu voz. De tu extraño y adorable humor, de tus interminables pláticas. Y así... así estoy. Desintoxicándome de la fantasía, de los anhelos, de los sueños, de las promesas... y de un futuro. Nuestro futuro.
Haciéndome regresar a la realidad, después de hacerme adornar lo irreal de tu compañía, dejándome sola.
Enseñándome que realmente siempre estuve sola, que sólo fuiste una ilusión... una encantadora ilusión que me dejo sin nada, sin armas, sin valor... sin ti y sin mí.
Pero pensándolo bien... no.
No me dejaste sin nada.
Dejaste este deseo del pasado. Dejaste miedo, incertidumbre, desconfianza y un duelo. Sin hablar de los hilos rotos, de las ataduras desatadas, de las inservibles cadenas de historias que no merecían un final trágico. Un montón de basura, basura que en algún día fueron palabras hermosas.
Dejaste ruinas, intentos de sonrisas fallidas. Dejaste rímel en mi rostro y no en mis pestañas. Una nueva y deprimente lista de reproducción. Dejaste cicatrices que necesito saturar. Me dejaste una deuda. Debo morir.
Dejaste pedazos de lo que algún día fue un rojo y latente corazón. Dejaste faltantes en mi pecho, y una grave resaca.
Pero sobre todo dejaste algo muy valioso...
me dejaste a mí.
¿Y qué más da?
Cumpliste con tu función.
Pues esto es la vida, la suma de malos momentos que nos llevan a buenos momentos. Es subir y bajar, atar y desatar, romper y pegar. Desechar lo inservible, apreciar la belleza de las ruinas, formar sonrisas hasta que éstas sean realmente reales. Y aprender a bailar con cualquier música.
Y es que en cualquier situación vivir es recibir heridas y aprender a suturarlas con nuestras propias manos aprendiendo a sanar porque vivir es temer, vivir es soñar, es amar, es perder. Es pegar una y otra vez un corazón roto hasta que ya no haga falta. Vivir es apreciar una buena compañía pero también dejarla ir. Vivir es crear malas costumbres y después batallar contra éstas... para crear mejores.
La vida es esto.
Es la suma de momentos, de experiencias, de personas... y la resta de los mismos.
La vida es la reparación constante de los inevitables daños, por eso la vida, la vida nos enseña a darle a cada quién lo que merece y sinceramente.. tu no te mereces esto. No mereces estas palabras... pero sobre todas las cosas... No me mereces.
Porque al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido.
¿Yo? porque tú eras lo que yo más amaba,
¿Y tú? porque yo era la que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo, porque yo podré amar a otros como te amaba a ti. Pero a ti... no te amarán como te amaba yo... nunca. Escrito: Ivette Varela Voz: Sergio Melchor.
Hoy he presenciado por primera vez cómo se escapaba la vida de entre sus garras. Postrado en el suelo frente a mí agitando bruscamente todo su cuerpo, sufriendo convulsiones mientras sus ojos miraban el cielo.
Realizó otro golpe más para acabar su sufrimiento.
Duró unos minutos, pero a mi parecer fue toda una vida. Sus últimos espasmos. Su cuerpo continuaba respondiendo, pero él ya no estaba allí.
Murió con los ojos abiertos.
No me sentía a gusto conmigo misma, con lo que implica el porqué de mis actos, pensamientos y habladurías. Me sentía -todavía lo siento- desanimada, corrupta, llena de maldad. Todo abarcaba el orgullo, ser superior al otro y verlo caer destrozado, hambriento.
Todo lo que me llenaba de vida, mis principios, mis fortalezas... fueron hecho cenizas. Las promesas que juré cumplir, la esperanza de seguir adelante sin importar las dificultades. Todo lo he olvidado, me lo he callado, me embriagó la amargura y la indiferencia.
He roto cada pedazo de mí para poder darte un destello de luz que tú nunca supiste valorar. O que yo nunca pude mantener.
Olvidé a quién recurrir en estas circunstancias. Fui con mis amigos, los cuales me dieron días de felicidad, compañía pero por un corto lapso. No pudieron sanar mis heridas y ni si quiera lo comprendían.
Recurrí a mi familia. Sin embargo no pude abrirme a ellos y dejarme consolar.
Estuve perdida por mucho tiempo. Antes de haberte conocido no encontré la paz. Acepté nuestro trato por el miedo a la soledad, al olvido, al rechazo y a la lujuria que me invadía en ese momento. Sólo quise un amor para recibir. Y para dar.
No estoy segura si realmente te he amado. Pero todavía anhelo aquellos días. Cuánto te extraño.
Tuve un sueño ayer. Estabas conmigo y ambos sabíamos que no podíamos estar juntos. Manifestamos nuestro motivo. Por mi parte, sentía un leve dolor tratando de surgir en mi pecho al decírtelo.
Y todavía lo siento.
No la encuentro. Quizás la perdí de entre mis libros viejos. ¿Y en Betel?
Volví a aquella Biblia que siempre estuvo en mi mesita de luz, llena de polvo y con su tapa añeja. Abrí en el capítulo donde quedé y continué mi viaje.
Hoy fui a visitar Betel, y volví a sentir su abrazo reconfortante. Mis lágrimas brotaron como cascadas y mi voz salió entre llantos ahogados llenos de tristeza, soledad, arrepentimiento.
Nunca quise ser así. Nunca quise el mal al otro. Menos a ti.
Dios me dio las respuestas que estaba esperando, me ha devuelto la paz que he estado buscando.
Todavía mi travesía no ha terminado. Recién estoy empezando a sanar, perdonar, comprender. A ser mejor por mí misma y no depender de motivos banales.
"Porque has sido mi socorro; y así en la sombra de tus alas me regocijaré"- Salmos 63:7
No lo busques... en verdad, no lo busques. Su ego se eleva hasta el cielo cada que lo haces y es que si tú lo has dado todo es tiempo de parar. Ten dignidad. Lamento ser tan crudo pero... pero no es justo verte tan vacía por no guardar nada para ti. Así que ven. Ya limpia esas lágrimas que es momento de avanzar. No revises más sus redes sociales, ten fuerza de voluntad. No puedes seguir atormentándote por cosas sobre las que ya no tienes derecho, si él hace o deshace... es su problema. Deséale la mejor de las suertes y comienza a concentrarte en ti. Te lo mereces. Ponte bonita, sal a caminar, proponte a hacer todas aquellas cosas que has dejado pendientes como aprender un nuevo idioma, ejercitarte, descubrir algún talento artístico, leer. Ver todas aquellas películas que él creía aburridas. Vamos. Dedícate tiempo, dedícate amor. Y no... no lo necesitas. No lo necesitabas antes y no lo necesitarás ahora. Te necesitas a ti pero te necesitas fuerte y decidida. No te lances al olvido, no te abandones porque nadie más podrá venir a rescatarte. No te cierres a todas las cosas hermosas que la vida ha preparado para ti por alguien que jamás ha sabido lo que quiere. ¿Y si te olvidan?, ¿y si encuentra a alguien más? quizá ahora eso parezca demasiado desastroso pero... pero créeme; cuando logres encontrar tu paz eso ni siquiera tendrá importancia en tu vida. No puedes seguir poniendo tu estado de ánimo en sus manos, no puedes permitir que alguien a quien no le importas tenga control sobre tu vida. Por eso vamos, avanza, sigue creciendo, continúa y cuando lo logres te lo agradecerás pero eso no sucederá si no lo intentas, si no te armas de valor, si no comienzas a pensar en ti y dejas atrás todos esos miedos. Probablemente cuando él te vea tan tranquila sentirá tentación de regresar y es que hay personas así de egoístas pero ¿qué decisión tomarás?. Por eso no lo busques. De corazón no lo hagas. Es momento de enamorarte de ti y cuando al fin lo logres te darás cuenta de que no existe un amor más grande ni valioso que el amor a ti misma. Pero por favor... inténtalo. Date una oportunidad... de ser feliz. Escrito: Mayeli Tellez Voz: Sergio Melchor
Y otra vez debo limpiar mi alma, desahogarme entre estas páginas. No es ni será la primera ni la última vez. Creíste que así podrías liberarme, abandonar mi sufrimiento, pero sólo el que se libera de estas cadenas eres tú. Insensible egoísta.
El decidir por tu cuenta a que volvamos a lo mismo: ser amigos. Sabiendo que yo no quiero. Te excusaste para tranquilizarme, tonta de mí que caí en aquellas palabras y me he engañado otra vez, creyendo que podría volver aquél sentimiento de indiferencia que tuve con mi primera pareja. Pero no fue así. Todavía te extraño, te anhelo, te deseo.
Creíste que degradándome de título podrías darte el lujo de disfrutar de tus prioridades tranquilo. Pero oye, vale lo mismo para mí siendo o no tu enamorada, porque de todas formas esto no cambia nada. Ni cuando fui tu novia, ni cuando fui tu amiga. No cambió nada. Ni tuve beneficios... todo será igual.
Insensible egoísta.
Esto no me va a impedir seguir contigo. Te veré, te conoceré cara a cara. No quiere decir que estaremos unidos por el resto de nuestras vidas porque sé que no es así. No eres el chico que creí. Me abandonas cada vez que tengo problemas, no me apoyas y sólo me criticas. Te comento mis malestares (no sabes cuánto me cuesta decirlos), pero no quieres solucionarlo conmigo y decides abandonar. Le pegaste a tu madre, Dios santo. Y todavía no recibo respuesta. "Nunca estés con un hombre que golpeó a una mujer"- me dijo una vez mi padre.
Quise saber el por qué, el cuándo, dónde y cómo, pero te excusaste diciendo que estabas cansado de decirlo. ¿Acaso le dijiste a todo el mundo y a mí no? ¿Acaso no es de importancia que yo lo sepa? Claro que lo es.
Me dices que cualquier problema que tenga, te hable. Pero, ¿para qué? si sólo te ofendes y te vas. No tienes la paciencia como para explicarme de nuevo las cosas. Si no tienes paciencia, menos la tendrás con nuestros hijos.
No eres el hombre que esperé. Sólo me enamoré de aquella faceta que tenías cuando estabas extasiado. Y de nuevo me volvieron a engañar.
No soy de tu prioridad y entendí que tu sentimiento no es del amor que creí que sentías. Sólo me aprecias a tu forma, a la distancia y sin importancia. Qué manera de amar tienes. ¿Así te enseñaron?
"Jamás estés con una persona rota"- me dije a mí misma una vez.
Cada vez me convenzo más de que no puedo seguir contigo. Sacas lo peor de mi. Me diste el mismo sufrimiento que mi primera vez, sólo que aquello fue latente y el tuyo fue tan fugaz. Me brindaste el peor miedo que he sentido jamás en mi vida.
Eres tan frío, tan insensible, egoísta.
Sí, veo un enemigo en vez de un amigo, un amante.
Tú me hiciste así. Pusiste en mi contra todo lo que yo apreciaba, lo que sentía. Me pusiste en contra de mí misma. Me traicioné para darte un momento de satisfacción.
Y me doy cuenta que sólo volviste a mí aquella vez porque lo único que te movió fue la lujuria. Una puta lujuria.
Fui tan ciega.
Sólo me usaste para satisfacerte. Y ahora que ya no tienes el libido, me tiras como basura.
Volví a cometer los mismos errores. Y están quebrándome.
Y me duele tanto, no sabes cuánto deseo que esto funcione. A pesar de que me mates de a poco igual sigo pensando en ti, igual quiero que sigas a mi lado porque mi corazón todavía no puede aceptarlo. Realmente espero que podamos estar juntos. Pero no puedo depender de un anhelo.
Te quiero.
Y ahora recibo cálidas caricias de otra persona, cuyo amor y atención -que tanto yo te exclamaba- me brinda sin reproches.
Me acorteja todos los días asegurándome lo linda que me veo, lo linda que soy. Y ahora recibe de mí fotos que yo nunca te mostré, fotos destinadas para él.
Me envía regalos que nunca le pedí, a pesar de la distancia. Me hace sentir tan amada, tan querida, tan deseada.
Despierta en mí el amor que nunca pude darte, porque no me lo permitiste. Preferiste ocupar tu tiempo en tus múltiples hobbies y no te culpo, uno manifiesta qué importa más en su vida por sobre otras cosas.
Quédate con tus vicios pero no vuelvas esta noche por mí cuando despierte tu libido, buscando mis caricias porque estaré con aquella persona que ha sacrificado el tiempo por estar conmigo, a pesar de que esté con su agenda apretada. Priorizaré a esa persona que realmente demuestra que le importo y que me toma en cuenta y siempre sigue mis locuras, aún si a ti no te agrada. Las palabras de corazón me cautivan pero los actos de amor me enamoran.
Todavía mi corazón está herido y llevará un largo período derramando sus lágrimas sangrientas de entre mis venas sin oxígeno. Muertas.
Pulsaciones se desprenden desde mi corazón y recorren cada miembro de mi cuerpo. Estoy volviendo al éxtasis de aquellos tiempos. Extrañables.
Quiero llorar, reír, gritar.
No poseer el sentido de la realidad.
Embriagarme con mis sentidos, ser la única y encontrarme conmigo misma. No estar volteándome para ver al otro. Porque... Nunca hagas promesas a personas que roban la vida ajena sin importar su valor.
Nunca hagas promesas a personas desconocidas.
Nunca hagas promesas a personas que no pretenden amarte.
Nunca hagas promesas a cualquier persona que no sea tu familia.
Nunca hagas promesas a la persona que más quieres. Porque seguramente no tomarán en serio nuestro acuerdo, Porque no les importará un comino luego de hacerlo, Porque ni se acordarán de haberlo hecho, si quiera. Porque no les interesas.
Grabado en mi corazón, mi cielo, Estará escrito este cumplimiento. Firmaré sin titubeos, Para resguardarme, Para no pasar frío en este invierno.
Pensar el solo hecho de que pase más tiempo con sus amigos que conmigo, abre una herida que nunca cicatrizó, que sigue latente y cubierta por un delgado y penetrable papel. Me hierve la sangre de envidia, tristeza, soledad y abandono. Imaginar las innumerables veces que relató trocitos de su vida a personas ajenas a mí, que hayan escuchado su risa, sus bromas, y quizá sus frustraciones. Todo aquello que yo anhelo, es recibido por otras personas que nunca conocí.
Quiero gritar, obtener lo que es mío por derecho pero al fin y al cabo no soy digna de eso.
Esta posesión de obtenerlo sólo para mí me está destrozando porque sabemos que nunca será así, él no me lo permitiría y mi naturaleza no es posesiva hasta tal punto.
Desde aquél error que cometí, de los tantos horrores que provoqué, sé bien que no tengo el derecho de quejarme, debo respetar el lugar donde él me puso... que es aquí, en un rincón de su corazón, lo más alejado y abandonado de su alma. Sólo requiere de mí para darse el placer que necesita, porque estoy en deuda; no podré enmendar mis errores pero por lo menos puedo rescatar lo poco que hay entre nosotros.
En estas ocasiones me vienen a la mente pensamientos en los cuales prefiero ser su amiga más que su enamorada, para poder estar todo ese tiempo preciado con él. Volver a ser aquellos amigos, pasando tiempo juntos sin ningún compromiso, sin la obligación pendiente del otro. Sentirme cómoda con la ausencia de pensamientos inseguros, propios de una mujer; no depender de la opinión de algún hombre, a menos que sea la de mi padre u hermanos.
Prefiero ser su amiga, que su enamorada. Así, seguramente podré llevarme bien con sus allegados, sin la presión de que debo agradarles a todos. O simplemente mandarlos a la mierda en caso de que me disgusten y eso no sería ningún problema, ya que no estaremos perjudicados el uno ni el otro porque no estaríamos relacionados.
¿Acaso prefiero eso?
Realmente no estoy segura. Pero de lo que sí, es en la situación no favorable en la que me encuentro.
Quiero cambiar esto.
Pero no puedo. Simplemente soy una niña tratando de mover una montaña.